El cracia agogia al demos.
La base arriba no es la solución
invierte la pirámide tantas veces
que coge rodamieno hasta llegar
a forma de esfera. Todo es un ciclo.
Nací en un hospital y me descubrí en un cabaret.
No estaba en mi época, no estaba en mi espacio.
Fui la tinta de Tzara y el collage de Ernst,
el cadáver exquisito de la humanidad.
El arte siempre estuvo muerto,
planchábamos sobre la cara de Duchamp.
Fueron las músicas de las fosas comunes
las que nos hicieron bailar, y aunque no rime
tengo al romántico enterrao a mi vera
y al sepultado en uniformes dando órdenes.
Naceré a cada instante que pase.
Soy molesto, innecesario, aleatorio, prescindible,
acuchillando a maldad el destino.
Escribir es para gente sin brazos.
Pensar es para los sin-cabeza.
Y no podremos parar las guerras, que viva el terrorismo que le queda al pobre,
porque el alimento nunca estuvo fuera del aparato digestivo.
Por eso, unámonos,
a la turba alegal de los átomos.
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