no tendría alas hechas con cera,
y no experimentaría a diario
la presión atmosférica
en mi sentrañas.
Si no fuera por este laberinto,
no tendría que buscar salidas,
pero hoy me siento cómodo
y no le temo a la bestia.
Podría dejar un hilo a cada paso,
o pintar estas paredes de la opresión.
¡Eso, eso!;
te escribiré en cada ladrillo:
Pues me parecen iguales que los dioses
las plantas del balcón que riegas,
y las grietas que forman creciendo
el verde en el gris deste muro
al que golpeo con la cabeza.
Mis pensamientos se congelaron
al soltar tu aliento de diafragma,
que rozaron mi mejilla,
y refrescaron hasta el páncreas:
desde entonces tengo hipotermia.
Sólo una llama rabiosa
despierta en mí el deseo
de tirar esa pared en la que te intuyo,
y así la embisto hasta que
se me quedan atrapados los cuernos.