Hay circunstancias en la rutina
que te hacen renegar de la diplomacia,
que la hipocresía y el chupaculismo te afectan
lo suficiente para no romper lanzas en combate
y romper lanzas en Breda.
Así me ves
tirando mi escudo,
porque pesa pa to sus muertos,
para huir más ágil de una inutilidad de guerra
en la que compites con los de tu trinchera,
luchando por números
y calificaciones de honor podrido:
Yo sólo moriré por mi sentido
-color verde y suave-
no por subir en la jerarquía...
una pirámide resbaladiza
por la que no darías un paso
sin reconocer la autoridad
de gentuza que no eres tú,
de gentuza que no se atreve a bajar
al plano realista en el que te encuentras.
Grito dando golpes a las puertas:
¡Más me vale la intensidad de los dolores,
la angustia libertaria y cardíaca,
que el reconocimiento económico
de las élites pesimistas!
¡Más me vale el sufrimiento existencial,
el patetismo que no me deja soltar la navaja,
que esperar a la oportunidad regalada
de poder asesinar inocentes!
Así que
No me najo, os destruyo.
En la guerra de verdad.