En cierto modo, admiro las descontextualizaciones. El agua que se sirve en un vaso para beber, puede servir para echártela encima y refrescarte, o refrescar las ideas estúpidas de alguien, mojándolo como insulto. El mechero que llevas encima para encender tus vicios también puede servir para dar comienzo a un fuego destructivo y homicida, o para lanzárselo a ese jugador de sueldo millonario que acaba de golear a tu equipo. En general, nos gusta descontextualizar: cagar en fuentes, beber de un váter, vaciar un extintor para apagar nada, liarte un cigarro para masticarlo, fumarte un chicle, ponerte una peli para dormir...
Pero hay personas que se sobrepasan con las descontextualizaciones. Primero, alteraron el significado de la política, que etimológicamente significa "asuntos de la ciudad", y la convirtieron en sus propios asuntos. A partir de ahí descontextualizaron la tierra. ¿Zona para cultivar? Terreno edificable. ¿Casa de campo antigua? Nuevas vías para un tren que descarrila.
Finalmente, esas personas de piel escamosa descontextualizaron sus propias obras. Construyeron y construyeron y construyeron y construyeron viviendas para ahora obligar a la gente a vivir fuera. Esos mamones han abusado de la descontextualización, llevándola al tedio de la rutina, a una miseria consecutiva, a la costumbre desgraciada. ¿Qué les lleva a este acoso continuo? ¿Cuál es el fin de su obra, sus actos, sus firmas en esos papeles mojados? Siguen pasando las noches y aún no se han cansando de salar el agua potable, de usar piezas de museo para planchar, esnifar monedas de cobre y digerir billetes mientras se hacen bustos de cocaína.
¿Acaso no se ha convertido este abuso de descontextualizaciones en nuestro propio contexto? Pues ahora nos toca alterarlo a nosotros: que los zulos y las celdas sean sus mansiones, que finos hilos de nailon sean sus corbatas, que sus retratos sean moldeados en mierda, y sus maletines de llevar dinero alberguen sólo cupones de lotería.
Descontextualizar a la vieja bestia humana.
La gente de la ciudad vive en su propio hogar. Los que llevan uniformes defienden la igualdad genérica. A las corralas no les hace falta crédito: ya de por sí son el contexto ideal.
Resistencia.
[Todo el apoyo para la acampada de la Corrala Utopía, que ha descontextualizado la Plaza Nueva para denunciar a la puta mierda de ayuntamiento de Sevilla. Que tanto el consistorio como la junta de pseudoandaluces, por no hablar de la puta policía, haya permitido el desalojo del edificio es algo despreciable y deben tomar una decisión humana que proteja el derecho principal de las familias cuanto antes. La lucha será continua]