domingo, 10 de enero de 2016

No soy determinista, soy determinante

Muero, que no es más que derrochar vida,
con las manifestaciones íntimas
que reivindican sensibilidad
desde la colectiva.

Muero, en el sentío andaluz que se derrite
y se funde en la materia líquida
que resulta al intentar congelar
los instantes

Muero, a través del lápiz y el papel
en una sociedad imagenizada y racional,
en la que la imaginación es tortura
para el pensamiento establecido.

Muero, que no es más que derrochar vida,
con la gente sencilla y el absurdo,
la que chilla por lo necesario
y celebra la guerrilla.

Muero, pero rastreramente me matan,
con su conformismo, su cerrazón,
la consciencia estancada en el poder
y los discursos inútiles.

Mis asesinos nunca cambiarán nada.

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