Muero, que no es más que derrochar vida,
con las manifestaciones íntimas
que reivindican sensibilidad
desde la colectiva.
Muero, en el sentío andaluz que se derrite
y se funde en la materia líquida
que resulta al intentar congelar
los instantes
Muero, a través del lápiz y el papel
en una sociedad imagenizada y racional,
en la que la imaginación es tortura
para el pensamiento establecido.
Muero, que no es más que derrochar vida,
con la gente sencilla y el absurdo,
la que chilla por lo necesario
y celebra la guerrilla.
Muero, pero rastreramente me matan,
con su conformismo, su cerrazón,
la consciencia estancada en el poder
y los discursos inútiles.
Mis asesinos nunca cambiarán nada.
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