en el que cortaba un carrete para revelar los negativos.
Ninguna me terminaba de convencer,
así que quise hacerte una fotografía.
Grabé tu imagen invertida en la retina,
creada por la luz que atravesó el dilatado estenopo,
núcleo del iris, ombligo del ojo.
A partir de entonces, ese retrato tuyo se revela
automáticamente con la emulsión del sueño,
y temo estar en coma por la desidia al despertar,
pero un montón de gatos entran maullando
con sed de carne humana
y yo, desesperado, grito;
por el dolor que me causa
ese odio felino.
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