martes, 7 de noviembre de 2017

Puede que me queme

Criss-Cross con la pared,
gotelé de claroscuro azulado
mientras la luz artificial se impone a la noche
de otra calle más anaranjada.

Sin macetas en el balcón,
soy rudo ante el silencio,
la bestia que aspira resopla
y busca refugio en la tormenta.

Se retrae a cambiar su ser y se vuelca
en carneses de identidad y papelinas,
el terror a su justicia se distorsiona
en estas llamadas de auxilio.

Percutir las letras y borrarlas
para bailar con el sonido de las ideas.
Bloqueado vuelvo a restaurar sesión
y me desespero como Aquiles.

Ahora me asomo a la inspiración
vacío de emoción interesada,
pero vuelvo a caer en ansiedades
y en reliar siempre las palabras.

Dependo de la improvisación
como si ésta no fuera espontánea
como si tuviera dos vueltas de relleno
entre frase sensible y chorradas.

En el blanco roto del papel
ya me cuesta imaginar universos
un mundo de imágenes me invaden
y yo huyo de su representación.

Todo se me muestra extraño,
como una normalidad entre dientes.
Todo, menos el ánimo:
he comprendido su aleatoriedad.

Por eso

Juego a no ofender con inflamables
y escupo fuego por los párpados.

Incendio conversaciones
que pasan a ser solitarios

Aprendo a prenderme a lo bonzo
pa escusar abrazos

Y enciendo mi cuerpo insomne
con tal de fundir mis sueños.





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