Mi trabajo es una paja mental
con la que no me puedo correr,
un corte de rollo hedonista
que hace penitencia descalza
sobre el pincho realista de su contexto.
Asocian la voluntad al sufrimiento
y el compromiso al sacrificio,
pero yo sigo respirando por el arte,
para plantar semillas en la tierra
y poder dejar flores en los museos.
Vivimos muriendo entre recibos,
cartas constantes de alta frecuencia,
entre antenas cortando el horizonte
y sonrisas paralelas al suelo
que siempre escucharán las miradas.
Morimos viendo el tiempo,
pasando con más pena que gloria
y olvidándose en recuerdos
que se retroalimentan sin sentido,
malamente agonizando.
Mi trabajo es sin salario
ya que el precio escuece el valor,
y su producto no tiene nombre
si no es el del sentido que tiene
el camino que va trazando.
Me inspiran el café de tres horas,
cada una de las trenzas de color,
la complicidad de párpados inferiores
y las comisuras desdibujadas
en besos desorbitados.
Así resoplo entusiasmado,
ruborizando brillos y movimientos,
convirtiendo el presente en recuerdo
y el futuro en algo esperanzador,
como un epitafio anarquista.
Mi trabajo no será propiedad
de un mercado colonial y sedentario,
se mantendrá despierto en ambulancia
como un cuerpo desmayado
que lucha por sobrevivir.
Ya me vale.
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