Quería que entraras dentro de mi,
como el vino en el gaznate
o la calá en la tos,
y te miraba, con la pupila chica,
pa que tuvieras tol iris pa ti,
que pa eso me lo había puesto de colores.
Escuchaba tu historia entusiasmado,
porque me encanta que me explores
mientras hago arqueología.
Escuchabas mis historias sonriente,
con el brillo cortando tu ojo,
y percutiendo el tambor de mis rodillas.
Después no pude comprender la rapidez
con la que matamos la eternidad
al despedirnos con un abrazo.
Me quedé llorando en el fuego
y disfrutando cada paso,
que es justo lo que quiero:
Ser vapor.
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