Mis cosas favoritas son con las que cuido
esta mente precipitada y lluviosa
como un vals soprano
que amortigua las heridas de la consciencia.
Son sonidos del mar
que habitan en conchas que escuchan,
espirales brillantes que derivan directas
en la orilla de la soledad.
Es el tiempo enterrado,
el que desaparece como el surco de palabras
grabadas a uña y yema
sobre esta humedad de vida.
Soy paisaje reflejado
en dos blandos mundos de cristal
que por separado se nublan,
teniendo que recoger las redes
para encallar las barcas otra vez.
Soy habitante del recuerdo,
donde se obliga a traficar con signos
y el menudeo son las risas
por las que nadie querría cobrar.
Vuelvo a limpiar por casa
y a reciclar las botellas sin vino,
sin otro motivo que el de volver a llenar,
con la actitud de quien recoge
para dejarse llevar
con el viento que modula
por la cosecha de la piel
y esa luna, siempre al acecho.
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