No esperes, recuerda,
el llegar de lo que llega
ni el tiempo que pueda pasar,
que no hay anclas en la mente
cuando el presente navega
por un mar de auxilios
y piratas de distintas banderas.
Reacciona ante el segundo.
Sé uno para el otro y otro
para los ojos del espejo,
al mismo tiempo descubrirás
que no somos cárcel de recuerdos,
si no una pendiente que crece
con las rocas de la cima
cuando circulan por la sangre
y se precipitan a su ritmo
con un sentido gravitatorio.
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