sábado, 22 de septiembre de 2018

Por el camino del desierto

Un chorro de arena baña mi piel arañada
y cada grano es una fracción de segundo
en mi cuerpo abierto de poros y tubos
por el que se airean mizentrañas.

Soy bulo que baja y trampa con dientes
en el que más de una mosca quiere descansar
sin saber que el hambre es la fuerza
que hace cerrar estas bisagras que atrapan.

 La soledad es una ficción sin contar
que se desvela en el éxodo solitario
a través de la ropa tendida y los pájaros
y ese viento que señala cualquier camino.

Anduvimos sentados sin la seguridad
de una caída a salvo de la inercia
con el grave sonido del vientre
y el agudo temor de la garganta.

Llegaremos a buen puerto
por embarcarnos en la libertad de la marea,
aunque nuestra silueta se apeste
por la eternidad de nuestra forma.

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