Envidio la felicidad superpuesta en el decorado de este escenario.
Hace del espacio un entorno cómicamente lúgubre,
como usar de marioneta un feto.
En este baile de inercias dirigidas, sonrisas puntiagudas
malintencionan la dirección, asociando el guión del cuento
a una violenta presión sobre la cara,
para que el espejo siempre esté afilao.
Enharinarán su orgullo pa comer micrófonos
que ensalzaran sus palabras en polémica:
su ocurrencia será el centro de atención.
Desoiremos
Desobedeceremos
Les vamo a quitá la cara antes de otro guantazo.
Nuestra responsabilidad con Nuestro presente
se lo debemos a un recuerdo que intentan borrar,
entreteniéndonos con maquinitas, robores
y líneas de tiempo que no puedo dejar de seguir,
como si se trataran de la droga más nociva.
Soy acople de frecuencias en un sofá,
esperando a dejar de tener miedo
para lanzar un quejío sordo al aire
que haga desertar al policía.
Ni rey, ni dios, ni amo.
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