jueves, 8 de febrero de 2018

Me llamo como quiero

Se me complica la relación cuando no estoy en mi acorde,
y sueno disonante como esa nota
en la atonalidad de una academia imposible.
¡Todo es dinero! El medio más allá del fin,
no sé qué pasa con los besos
que al pesarlos se me cae la boca.
Mi nariz ya es cloaca de ciudad
en esta búsqueda inútil de trabajo,
y no me veo vendiendo humor
porque depende de la combustión del fuego,
y hoy estoy bastante apagao.
La vida es un sabor que se ignora
y se asocia al rojo como el umami,
tardarán años en hacer justicia con nuestros muertos
pero matarán con la guadaña -manecilla del reloj.
Ansia de que se pare, la paradoja taquicárdica
algún día saltaré desde los bordes
hacia el interior del papel.
¿A dónde lleva el surco de las huellas dactilares,
esa accidente de la topografía carnicera
que lleva en tinta la extinta humanidad?
Todo apunta a una realidad táctil,
la única que quiero comprender
en mi sistema nervioso.

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