Tan intenso como el cielo,
que siempre miras cuando estás ciego
y cuando tienes miedo.
Cuando no sabes que estás haciendo,
cuando no sabes si dormirte o seguir despierto,
ni si el tiempo pasa rápido o pasa lento.
Viendo cómo me hundo poco a poco en la realidad,
me froto los ojos, con cuidado,
un pellizco, me los saco...
Una mirada a mi cuerpo -sin mí- convertido en un disfraz,
y entonces empiezo a pensar, escapo
de todo lo que verdaderamente no soy yo.
Busco mi ego sibarita en las noches de ciego
y encuentro al cotidiano sentado mirando facebook
largas son las calles y alejado mi destino
cuando miedos y fantasmas me hacen reprimir instintos.
Pero lejos de culpar a nadie de mi caos
digo soy partícipe, un tornillo más de un puñao.
Esto es un cadáver exquisito que hicimos entre el Mani (cannabico), Pablo (el indio) y uno (el que escribe), en cualquier día de verano que te imagines.
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