[Al ver una foto de una víctima del franquismo]
Una mirada de vida colorea una foto en blanco y negro.
Siempre son nombres que, junto a un lazo, forman una cara,
la cara de las abuelas, de los padres de las abuelas,
o de solteros y solteras que no tuvieron descendencia
y que la indecencia española condenó a lo imposible.
Esa forma con la que mira el papel fotográfico restaurado
es idéntica, similar, a las caricias visuales de mi gente,
con su cariño y su tenacidad libertaria, con su carne y su viento,
pero permanecen en la dimensión de los recuerdos
sin que sus observados hayamos podido hacer justicia.
Son miradas de vida que piden vengar su muerte.
Tranquilidades rotas en el craquelado del papel,
del papel que les tocó en la historia, de su eternidad familiar,
de su presencia imborrable bajo el asfalto de las ciudades
y la inmensidad por donde pasean las nubes,
algodones volantes que lloran para empapar
la memoria alquitranada de las carreteras.
No olvidamos y jamás perdonaremos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario