jueves, 21 de mayo de 2015

Bucle

Y pensar que la vida es autodestructiva...
O eso tuve que reconocer cuando la ví
como única potencia real,
como círculo interminable que,
por retroalimentación,
no tenía más remedio que destruirse
para regenerarse así misma
como principio verdadero
más que final indiscutible,
como esencia auténtica
más que poder efímero
y hereditario.

Siempre será lo mismo,
siempre el mismo contraste:
el origen y la muerte
la muerte y el origen
de los cuerpos temporales
y de las ideas eternas.
Es esa contraposición
la que destaca tanto a una como a la otra,
como el oscuro hace al gris más claro
como el claro hace al gris más oscuro.

Y pensar que la vida es transformación,
siempre en continuo cambio...
por eso la civilización es ruina
de los templos naturales
que rinden culto a la libertad,
pues se hicieron tumbas
y cementerios con tráfico
tan destructivos
como destruibles:
adorando la autodestrucción
como única forma de vida
olvidando que somos responsables
de que siempre se siga originando
la revolución.


Porque la energía ni se crea ni se destruye,
sólo se mantiene rodando en un hipotético plano,
tan universal como pluridimensional,
tan ordenado como anárquico:

así se convierte en nuestras vidas.


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