miércoles, 6 de mayo de 2015

Los discursos del arte atemporal

"Aún te queda por aprender"
fueron las palabras que me dijo la personificación de un pensamiento,
que no era más que figura onírica,
un disfraz de una de mis versiones; y yo desperté.

La luz de no poco antes de las diez
era imponente pero cálida,
una más que verdadera diosa
que elige su forma de radiación
para abrazarme como sábana
y ahuyentar la desidia horizontal
con la que mi cuerpo estaba intoxicado;
y yo me levanté,
para quitarme el polvo de la cara,
para desayunar en condiciones,
para comprar una garrafa de aceite de oliva
y una lengüeta para mi saxofón.

Esta mañana tocaré por todas las posibilidades del día,
por sus encuentros fortuitos y sus quedadas planificadas,
por sus obligaciones impuestas y sus sueños de playa,
e intentaré traer el mar a tu horizonte:
ambos aceleraremos el agua
y precipitaremos la locura
porque te siento en la luz de mi cama
como si casi pudiera igualar tu forma eterna,
la que tu conoces y me enseñas.

El tiempo es nuestro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario